CDMX a 5 de abril de 2022.

Laura Itzel Castillo Juárez.

Hoy se cumplen 25 años del fallecimiento del Ingeniero Heberto Castillo Martínez, figura emblemática de la izquierda mexicana durante la segunda mitad del siglo XX.

Decía mi padre, tal vez siguiendo las sugerencias de Max Weber en su famoso libro El Científico y el Político, que existen dos maneras de hacer de la política una vocación. O bien se vive «para» la política o bien se vive «de» la política. Quien sólo vive «de» la política hace de ella únicamente una fuente duradera de ingresos, como si se tratara de otra simple profesión. 

Mientras que aquellos que logran vivir «para» la política, procuran entregar sus vidas al servicio público, actuando siempre en favor de los más necesitados. Son aquellos que poseen este segundo tipo de vocación por lo público, quienes son capaces de asumir desde la libertad y la convicción los compromisos y los riesgos que implica trabajar por el bien común de la sociedad, ofreciendo en donación todo lo que se posee, para intentar resarcir las carencias de los que menos tienen.

Su profesión de Ingeniero le permitió vivir la independencia económica para ser autosuficiente y poder vincularse al servicio público desde el desprendimiento y la generosidad. Con su faceta de artista, encontró una fuga creativa en la que cultivó su amor por la cultura y las artes, especialmente en la pintura logró una suerte de desahogo y de liberación espiritual, de entrega y afecto aún en los momentos más duros de su vida como lo fue la clandestinidad y el encierro. Pero es muy probablemente su labor como político, la más significativa, por lo que representa haber sido siempre desde la oposición al régimen.

Para comprender realmente cuál fue su aporte a la vida democrática de nuestro país, es necesario ante todo tratar de ubicarnos en el momento histórico en el que vivió, reflexionó y actuó políticamente. 

Su apuesta por un proyecto de nación independiente e incluyente, en medio de un clima de fuerte represión y de autoritarismo, lo hizo involucrarse valientemente de distintas maneras en la vida política nacional: desde su participación en las luchas estudiantiles de 1968, a sus esfuerzos por consolidar movimientos populares, así como sus aportes para lograr construir una alternativa institucional de izquierda partidista; sin olvidar su intervención para contribuir en el cese al fuego del conflicto armado de Chiapas, en la etapa final de su vida. 

Un gran astrofísico y divulgador de la ciencia, como lo ha sido Stephen Hawking, de quien por cierto mi padre era un asiduo lector, nos explica en su célebre libro “Breve Historia del Tiempo”, en qué consiste esa condición física particular de nuestro universo llamada la flecha del tiempo: ésta provoca que el tiempo avance en una sola dirección, siempre persistentemente hacia adelante. Aunque no todos llegamos realmente a comprender cuáles son las causas físicas detrás de este fenómeno, cada uno de nosotros sabe desde su propia experiencia que volver al pasado es simplemente imposible (o por lo menos lo es hasta ahora, diría tal vez Hawking).  

Es por ello que, en ejercicios colectivos de memoria y reflexión como el que nos convoca, en el día de hoy la página de la Fundación Heberto Castillo Martínez A.C., pienso que no sólo debemos tratar de recordar con añoro la vida y obra de quien sin duda fue un gran hombre. 

Considero que sería mejor tratar más bien de repensar este legado, para intentar reactualizar su invaluable herencia moral e intelectual frente a lo que nos ha tocado afrontar ahora a nosotros. Puesto en otras palabras, como dijera mi padre en su artículo publicado en el año de 1988 en la revista Proceso, con motivo de la declinación de su candidatura presidencial: debemos no sólo mirar de dónde venimos, sino hacia dónde vamos. 

Entre las muchas cosas que recuerdo de mi padre, se viene a mi memoria su incansable optimismo ante las circunstancias más difíciles, aquellas que solemos llamar crisis. Decía él que son éstas las situaciones que hacen despertar la conciencia crítica de la mayoría de las personas, de manera que, en medio de las amenazas que representan, también nos abren espacios de oportunidad para llevar a cabo cambios realmente profundos. Siempre ante situaciones adversas le decía a mi madre: “Mira Tere no te preocupes, esto va a ser muy bueno, porque hará que la sociedad reaccione y a mediano plazo favorecerá al movimiento”

Hoy Tere también se ha ido. Sin duda ella fue pieza clave para la lucha que emprendió Heberto desde la trinchera de la izquierda. Muchos fueron los hombres y las mujeres que en su momento y sus circunstancias lucharon, inclusive dando su propia vida, para que nuestro país alcanzara una verdadera democracia.  Es decir, un gobierno que no sólo representara a la mayoría de la población, sino sobre todo uno que sirviera al pueblo, a los más necesitados, a la parte sin parte, a la vez que se respetaran las libertades, se velara por la justicia y por la defensa de la soberanía nacional. Fueron años de luchas y esfuerzos que poco a poco fueron forjando, pues, un camino, hasta alcanzar el triunfo de la izquierda en México con el Licenciado Andrés Manuel López Obrador.

Es decir, para que alcanzáramos esta meta que, no obstante, no ha sido en realidad la llegada a un destino, sino más bien la apertura de un nuevo camino que apenas ha comenzado. Estoy convencida de que para no perder el rumbo en esta nueva etapa y continuar siendo fieles a las convicciones e ideales que motivaron estas luchas, resulta necesario saber de dónde venimos, entender en dónde estamos y así poder definir, a cada momento, a cada paso, hacia dónde vamos. 

Como homenaje por estos ya largos 25 años hemos relanzado esta página de internet para que se conozca una parte de la vida y obra del ingeniero Heberto Castillo Martínez.